BLOG DE MARIA CINTA MONTAGUT

jueves, 2 de mayo de 2013

Después de un ingreso hospitalario de varios días y una convalecencia vuelvo a dejarles una muestra más de mi poesía. Gracias a todos por su atenta lectura.

EPITAFIO

Lo llevaba el guerrero en el escudo
y al instante lo quise para mi,
el escrito decía :amor omnia vincit

jueves, 4 de abril de 2013

Transcurren fugaces los minutos,
como los días,
y marcan con su paso las vidas,
el trabajo diario,
la pegajosa angustia del silencio,
las batallas perdidas o ganadas
en noches que duraron un instante
para volver borrosas cuando hoy
llega el insomnio a golpear los ojos.

De La espera inevitable

viernes, 15 de marzo de 2013

Vendreis un día a casa
y encontrareis las flores ya marchitas,
los libros, los cuadernos,
los papeles manchados de palabras
y, en un rincón, los besos
que alguien dejó olvidados al marcharse.

De Como un lento puñal

lunes, 25 de febrero de 2013

Salen de noche solos los caballos,
rompen con sus cascos el silencio,
galopan sin destino
para llevar el hambre y la desgracia
donde el luto florece.
Los ve pasar la madrugada insomne.
Los ve pasar el ojo que no duerme.
Y ningún centinela los detiene
mientras fluye la sangre,
lentamente.

De Desconcierto

lunes, 18 de febrero de 2013

De poco valen las palabras
que explican la mañana
o la luz del ocaso
de los días de viento.
Los metales envuelven
el silencio de las bocas torcidas,
de las gargantas rotas
más allá del estruendo
del dolor de la carne
del recuerdo.

De Desconcierto

lunes, 4 de febrero de 2013

Cerremos las ventanas,
corramos las cortinas,
protejamos la casa y su silencio
del tumulto del aire,
del olor y la nausea
de un tiempo que agoniza

De  La espera inevitable

martes, 22 de enero de 2013

La calle huele a grito
es un aroma que penetra en los poros,
en la urdimbre de todos los vestidos,
se expande y ocupa todos los rincones
de la ciudad despierta.
No se puede dormir.
Ya no hay silencio para mecer las cunas.
Ya no hay silencio.
El grito se multiplica y crece
fluye por las arterias como sangre
que se derrama y limpia
las manos que se abren,
y se instala
en la terca voluntad de los que buscan
atravesar la tierra con su voz.

De   La espera inevitable